Hace tiempo quiero retomar mis
letras, pero las circunstancias actuales de nuevo estilo de vida me han
impedido tomarme un pequeño tiempo de tinta y papel, y algunas veces mi necedad
y mi pérdida de tiempo no recuperado hacen que mis letras se olviden, se queden
en intentos o sólo en la memoria con tendencia a desaparecer.
Dando vueltas en mi cabeza,
zigzagueando mis ojos de un lado para otro, no sé por donde empezar, han
ocurrido tantas cosas, he visto como termina la vida, como nuestra piel se
convierte en hojas secas y como nuestros pies y nuestras manos dejan de
comunicarse con el cerebro, como esperan, esperan a que esos seres que ellos
creen que nunca van a envejecer vayan y simplemente estén ahí por un tiempo, en
el ancianato todos los días son los mismos días, sólo hay una diferencia, unos
se van y otros llegan.
El tiempo pasa, los años van cambiando
de 10 en 10, cuando tienes 10 la vida es perfecta, cuando tienes 20 te sientes
grande, a las 30 debes de pagar cuentas y asegurarte que tienes a alguien a
quien amar, a los 40 quieres empezar a descansar y a los 50 te dan ganas de
tener 20 otra vez.
Ahora que ando rodeando los 29
años, se siente, se siente el cambio, el corazón y los impulsos reducen en
tamaño y el cerebro actúa sobre todas las extensiones de tu cuerpo, el estar
lejos me ha vuelto fuerte y he hecho cosas que nunca imaginé que sería capaz de
hacer, el estar lejos le pone picantico y sentido a la vida, mirar hacia el
cielo y observar y no decir nada, ese cielo que es el mismo cielo acá y allá,
ese cielo que me sigue así esté allá o acá.

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